Editorial

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Con qué cuento en la ruta del éxito

Cuando nos planteamos la ruta del éxito (en cualquiera de nuestros proyectos) tratamos de ubicar cuáles pueden ser esos hitos o claves que nos apalanquen para avanzar directo hacia esa meta soñada. Una importante lista de competencias, actitudes y aptitudes forman parte de esas ‘rocas’ en las que nos podemos apoyar, mientras hacemos camino al andar.

En esa lista hay una que nos parece importante destacar porque, además, hace parte de esos valores que los venezolanos precisamos desarrollar y esgrimir como banderas para un verdadero progreso como país competitivo y emprendedor: el uso efectivo de los recursos.

Cualquier iniciativa empresarial u organizacional debe partir de un sentimiento de pertenencia y responsabilidad compartida que convierta a cada persona en un ‘doliente’ de lo que se hace y se tiene. Contar con esa percepción de que lo que se construye y se tiene es un activo que involucra y afecta a todos es lo que hace que los recursos sean usados con discreción y criterio de eficiencia, mientras la gerencia fortalece la capacidad de control sobre sus activos.

“Exigir eficiencia es amar lo que con esfuerzo se consigue, es el respeto por la propiedad y la guerra a la inconsciencia” como señala el libro de herramientas ‘Competitividad contra viento y marea: 10 años de Venezuela Competitiva’.

El uso eficiente de los recursos, el cuidado de los equipos, el mantenimiento del personal y la conciencia para las compras son fundamentales para tener éxito en la dimensión financiera, sea que estamos en una empresa o una organización civil o, más aún, si estamos en una institución pública.

 

Es esencial mantener la conciencia previsora alineada con nuestros objetivos de mediano y largo plazo y saber que, por mayor que sea la bonanza, siempre los recursos son limitados. Si se evalúa objetivamente el asunto, exigir eficiencia es económicamente un buen negocio, es sentar bases para el desarrollo futuro.

Algunas estrategias fundamentales permiten fortalecer el uso eficiente de recursos. Por ejemplo, responsabilizar a las personas por sus equipos, hacer que asuman las consecuencias derivadas de su mal uso; medir la productividad para exigir eficiencia objetivamente, con base en metas negociadas; y evitar crear espacios para la ineficiencia, el ausentismo o la negligencia reglamentando la no-tolerancia a las faltas injustificadas.

De esta manera, se contribuye a crear una conciencia colectiva de que los recursos son responsabilidad de todos y no únicamente de los administradores, y de que hay muchas formas de afectar el patrimonio de una organización (o un país) y su potencial de desarrollo, además de las vinculadas con los recursos financieros y materiales. Desde el espacio de acción de cada uno, nuestra conciencia y responsabilidad individual suma, y puede hacer la diferencia.

Dunia de Barnola

Directora ejecutiva

@duniadebarnola