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En esta página usted podrá consultar los boletines enviados.
BOLETINES
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@VzlaCompetitiva celebra su Aniversario – VENEZUELA COMPETITIVA N° 39
16/03/2012
Venezuela: un país para hacer tus sueños realidad – VENEZUELA COMPETITIVA N° 38
19/09/2011
Del emprendimiento a la Competitividad
02/07/2011
Premio Citibank para Microempresarios 2011
09/06/2011
Orientación al logro – VENEZUELA COMPETITIVA N° 35
23/02/2011
Generando relaciones ganar-ganar- VENEZUELA COMPETITIVA N° 34
10/12/2010
Construyendo una sociedad innovadora – VENEZUELA COMPETITIVA N° 33
10/11/2010
Ingredientes de la Competitividad – VENEZUELA COMPETITIVA N° 32
20/09/2010
El valor detrás del éxito – VENEZUELA COMPETITIVA N° 31
24/08/2010
Trabajando en pos de la mejora continua – VENEZUELA COMPETITIVA N° 30
23/07/2010

 

 

DOCUMENTOS SOBRE COMPETITIVIDAD
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Cómo mejorar la Competitividad de las Pyme en la Unión Europea y en América Latina y el Caribe (Cepal)
15/10/2013
Doing Business 2013 – Ingles (Banco Mundial))
15/10/2013
Señales de Competitividad de las Américas (RIAC)
15/10/2013
Consenso de santo Domingo. 10 Principios de Competitividad para América Latina (RIAC)
10/11/2012
Plan de Trabajo de la RIAC 2014
15/10/2013

 

ARTICULOS REVISTA DINERO
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Venezuela Competitiva reconoce a 7 organizaciones ejemplares como casos exitosos 2010
04/10/2010
Reconocimiento a los valores
15/01/2010
113: competitividad en números
06/01/2010
Libertad para mejorar
06/01/2010
Innovación y tecnología para la competitividad
06/01/2010

 

NOTAS DE PRENSA
 
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Venezuela Competitiva busca organizaciones que apuestan por Venezuela
29/05/2012
El talento venezolano asume el reto y se postula al Premio a la Excelencia 2012
04/05/2012
Gracias por ser parte de 19 años de éxito
21/03/2012
Venezuela Competitiva busca organizaciones exitosas en el país
05/03/2012
Casos Exitosos comprometidos con el país comparten sus claves de éxito
18/02/2012

En esta página usted podrá consultar los artículos de opinión escritos por los Miembros de la Junta Directiva de Venezuela Competitiva y publicados en diferentes ediciones de la Revista Dinero.

imeldacisLiderazgo empresarial con dignidad ética. Imelda Cisneros.

Existe un país del que, desde hace una década, sus mujeres salen a parir a otras fronteras para que sus hijos tengan una alternativa a su nacionalidad de origen.  Ése es un país que va camino a perder su identidad nacional.  Es el mismo país al que desde hace dos décadas se le fugan sus capitales; al que no le invierten ni sus propios empresarios locales; peor aún, en el que desde hace una década incluso se desinvierte; y que desde hace cinco años ha sido testigo de una fuga de talento sistemática, a veces hasta familiarmente inducida con orgullo.  Es un país en problemas.

Michael Porter, el padre de la competitividad, lo dice muy claramente: La inversión extranjera es muy importante para una nación —pues representa nuevos capitales y tecnologías—, pero más aún lo es la local.  Ésta, a pesar de las vicisitudes, permanece, lucha y apuesta al bienestar y al éxito del mercado natal, porque sus raíces, sus inversiones, sus activos están enclavados en el corazón del mismo y el país le duele.

Lastimosamente, no es esto lo que ha venido ocurriendo en Venezuela.  Volatilidad e incertidumbre han sido una constante en el ambiente generado por todos los gobiernos y sus parlamentos; unos más, unos menos, fallaron con sus planes de gobierno o los sabotearon; no fueron capaces de visionar el largo plazo, se caracterizaron por incoherencias e inconsistencias en sus decisiones económicas, y falta de coordinación y sinergia entre las medidas monetarias, fiscales, laborales, comerciales, presupuestarias y sociales; por la falta de política industrial y el exceso de controles, barreras hasta para exportar y pare usted de contar. Ni hablar de la guerra insólita contra el sector empresarial emprendida en los últimos nueve años, en donde incluso la seguridad jurídica y física están amenazadas. Tales factores, sin duda, destruyen la motivación y el incentivo de cualquier emprendedor local popular, mediano o grande.

Más aún, muchos empresarios con raíces y formación en este país, lugar al que han apostado y donde han generado riqueza y rentabilidad, trazan estrategias y actuan con visión individualista, mercantilista y cortoplacista,  desdibujando incluso su condición de empresario, en un obrar que en ocasiones pareciera injusto con sus orígenes y las futuras generaciones.

Esperar a que los gobiernos creen el ambiente para invertir es la receta lógica e ideal, pero mientras llegamos a ese estadio anhelado, no hacerlo o desinvertir ha disparado un círculo vicioso y perverso que debilita la confianza en el sector privado, debilita la producción y los servicios, genera desempleo; en fin, contribuye a reforzar el ambiente de desestabilización, creado por las propias políticas ineficientes.

Estamos a tiempo de revertir esa tendencia. Aún tenemos fortalezas económicas, culturales, naturales, y gente preparada para enfrentarla.  Ahora bien, eso no es suficiente.  El tema lo he conversado con empresarios y sindicalistas cuyos países han atravesado serios conflictos internos; la respuesta es “hay que querer mucho al país, para no caer en la tentación individualista y muy humana de salvarte primero mientras éste se desangra”.  Ése es el factor crítico para asumir esta tarea.  Se necesita que todo su sector productivo se comprometa con el país. Lo Quiera. Y lo quiera con “Q” mayúscula; con “Q” de querer hacer y querer querer; de querer quedarse; de quererlo para sus hijos, convertido en un país competitivo.

Con toda razón, quien lea estas líneas puede pensar, ‘fácil es escribir y pontificar’.  Bien sabemos que todos los sectores de la sociedad tienen que estar involucrados en esta tarea.  Sin embargo en ese proceso hay dos actores centrales: el sector político y el sector empresarial.  No hay duda que la forma de apuntalar política, económica y socialmente a un país, es produciendo riqueza en forma sustentable, y que en esa tarea juega rol fundamental el empresariado.

El empresariado debe, pues, reconocer el poder que tiene.  El que tiene per se, en cualquier economía, y específicamente el que se ha ganado en la sociedad venezolana.  Debe reconocer que, a pesar de la constante y agresiva campaña gubernamental en su contra, la sociedad aún le reconoce positivamente; debe recordar que los gobiernos pasan y las empresas quedan; debe reconocer la responsabilidad que tiene con la sociedad venezolana, y con el país competitivo y estable que todos Queremos; debe asumir el liderazgo de las estrategias de sus empresas con compromiso con el negocio, y con el futuro del país.

El objetivo natural, la razón de ser de una empresa, es ser rentable; es un negocio y se debe a él.  Pero si la estrategia consiste en quedarse y seguir creciendo, necesariamente la contribución a la estabilidad del país tiene que entrar en la ecuación.  Eso, por supuesto, tiene un riesgo económico para la empresa, una responsabilidad para su junta directiva y su gerencia, y un costo para sus accionistas.

La tarea es, pues, de gran magnitud y sin duda implica importantes riesgos.  Requiere de actitudes no comunes: compromiso, desprendimiento y valentía.  Se necesitan héroes y heroínas que se concentren, ante todo, en el eficiente y ético funcionamiento de sus empresas, confiando en que su efecto también trascienda sus propios límites e impacte positivamente el entorno, alimente la esperanza y la confianza en el país, plataforma imprescindible para construir el país competitivo.

El empresario que por convencimiento ha decidido laborar en este entorno, no ignora las decisiones gubernamentales pero de ninguna manera basa su estrategia empresarial sólo en las políticas de los gobiernos, sean éstas a favor u obstaculizantes de la actividad del sector privado. Toma en cuenta las aspiraciones de las partes interesadas de la empresa y las traduce en una estrategia que apuesta al futuro e impulsa la dirección de sus procesos.  Ese Empresario pone la organización, recursos financieros gerenciados con eficiencia, y talento preparado, comprometido y efectivo, al servicio de esa estrategia.  ¿Las políticas del gobierno? ¡Importantísimas! Pero el por venir de la empresa no dependerá nunca exclusivamente de ellas.

Hay sólo dos formas de mantenerse como empresa en estas tierras, una es con visión de futuro poner seriedad, empeño y creatividad en la robustez y consolidación estructural y operativa de la empresa.  La segunda es hacer alianzas y lanzarse activamente al rescate de un ambiente competitivo de largo plazo para el país que estimule a invertir, producir y exportar.  Ambas son necesarias, complejas y, para bien o para mal, se refuerzan entre sí.  Ninguna jamás logrará ser exitosa sin la otra.

El Reto de la Competitividad. Dunia de Barnola.

El hecho simple de formar parte de un contexto económico globalizado no implica necesariamente que un país asuma los retos de una mayor productividad, y las medidas que ello implica. La construcción de un país productivo, próspero, acelerando su paso por el camino del desarrollo, exige la participación y el compromiso de todos los sectores, inversión, tecnología, conocimiento, y una fortalecida capacidad institucional.

Ese desarrollo productivo sostenible suma en sí mismo una mayor eficiencia económica, en todas las escalas, la generación y diversificación de oportunidades, una conciencia colectiva de respeto y libertad, y la valoración preeminente del cometido de lograr el mayor bienestar y calidad de vida para todos los grupos sociales.

Siendo así, la competitividad permanece como tema vigente más allá de tendencias. Competitividad en la más amplia de sus acepciones. Es necesario seguir hablando de competitividad en un país y un planeta que se plantean el reto de una integración social, cultural y comercial que nos acerca, nos comunica y nos hace compartir espacios y realidades. En tanto el mundo se nos hace más ancho y menos ajeno, necesitamos abrir nuestra percepción a las lecciones aprendidas por otros, fortalecer las iniciativas que nos permitan estar a la altura del reto de mercados y sociedades expandidas, destacar nuestras experiencias afortunadas, soslayar los escollos que ya conocemos y utilizar ese bagaje como viento que nos permita, no sólo mantenernos a flote, sino también navegar con velas desplegadas.

En este contexto, el éxito de cualquier proyecto que se plantee el desarrollo de organizaciones productivas, comunidades prósperas, estados eficientes, ciudadanos viviendo en bienestar, depende de que se pongan de manifiesto los valores de excelencia, logro y cooperación inherentes a la verdadera competitividad, a la competitividad que integra y consolida en el esfuerzo y la convicción de ser mejores, la competitividad que no habla de ganadores frente a perdedores, sino del derecho de todos a ganar; competitividad que es una ruta para la solidaridad y la cooperación.

Venezuela, siendo un país con indicadores destacados de emprendimiento que valoran nuestra capacidad como pueblo para crear, innovar, hacer uso de las oportunidades y hacer frente a las necesidades, aún no logra los mismos resultados cuando evaluamos esos indicadores con un enfoque más centrado en el éxito productivo y sostenible de sus emprendimientos.

De acuerdo con lo que arroja para el año 2005 el Global Entrepreneurship Monitor (GEM) o Monitor Mundial de la Actividad Emprendedora, creado por iniciativa de Babson College & London Business School, y representado en nuestro país por el Centro de Emprendedores del IESA, en una muestra comparable entre 35 países estudiados con el objeto de identificar las características de los emprendedores locales, Venezuela está en el primer lugar. Específicamente en lo que se denomina  ‘Actividad Emprendedora Temprana’ (TEA) nuestro país encabeza la lista con 25%.

Esto nos habla de que contamos con individuos que poseen el mayor espíritu emprendedor entre los países estudiados, con más gente tomando iniciativas para crear nuevos negocios o manejar empresas con menos de 3,5 años de vida. Personas que convierten a Venezuela en una cantera de nuevos negocios.

Sin embargo; cuando estas iniciativas deben atravesar las fronteras del tiempo y consolidarse en la base de una estructura productiva de país, encuentran dificultades y retos que van desde las limitaciones del acceso a financiamiento, la debilidad del apoyo institucional que requerirían, el exceso de trámites y complejidad de leyes que regulan la actividad del empresario, hasta la escasa preparación de un país que no es de cultura empresarial por tradición, cuya población no está plenamente preparada para competir y generar valor.

Cuando evaluamos nuestro posicionamiento respecto a indicadores de competitividad, como el Global Competitiveness Report (GCR) o Informe Global de Competitividad, producido por el World Economic Forum, encontramos un escenario que es completamente diferente al caso del emprendimiento. En la medición arrojada por el GCR para 2006, Venezuela quedó en el puesto 88 entre los 125 países evaluados. Este indicador revisa aspectos esenciales a la competitividad y productividad de una nación como son instituciones, infraestructura, macroeconomía, salud y educación básica, educación superior y capacitación, eficiencia de mercado, innovación y tecnología, y adecuación del aparato empresarial, compendiando en el resultado global el estado en cada uno de esos factores.

Sin lugar a dudas, los retos que Venezuela debe enfrentar para alcanzar la excelencia y la competitividad que como país aspira y merece son extensos, y son diversas las áreas de acción en las se debe intervenir como colectivo. Sin embargo, hay un espacio fundamental de acción para cada persona y organización, y una cuota de responsabilidad que asumir y sumar para esa meta de nación.

Es allí, justamente, donde organizaciones como Venezuela Competitiva encuentran su razón de ser y fuente de estimulo permanente. Cada año, desde su creación en 1994, la red de personas y organizaciones que la conforman ratifica su compromiso con el fortalecimiento de las capacidades competitivas de los venezolanos, y valida su propuesta de hacerlo a través del modelaje de ‘casos exitosos’ provenientes del cotidiano del país, convencidos de que la mejor forma de promover la cultura de la excelencia y la competitividad entre los venezolanos es con el ejemplo.

Innovación, visión de largo plazo, perseverancia, uso eficiente de recursos, compromiso, responsabilidad con su entorno, cooperación, ética, honestidad, perseverancia y pasión son, apenas, algunas de las claves que aprendemos de estos casos. Son, apenas, las señales que guían el avance, constante y certero, de nuestra iniciativa emprendedora hacia la consolidación de una Venezuela competitiva y productiva, próspera, de equidad y oportunidades, de libertades y sueños.

Transparencia y Efectividad: Claves de Éxito. Roberto Moro.

Cada año llegan a Venezuela Competitiva* deseando postularse para recibir el Premio a la Excelencia, decenas de casos de organizaciones venezolanas, estables y productivas, que se asumen competitivas y exitosas.

Este reconocimiento que otorga Venezuela Competitiva desde 1994, premia el desempeño destacado, las conductas legítimamente competitivas y los valores de excelencia de instituciones, empresas y colectivos humanos de todos los sectores, todos los tamaños y todas las regiones del país.

Nuestra tarea es asegurarnos de que tengan logros demostrables y se consideren parte del ‘bien hacer’ al estilo venezolano. A lo largo de 14 años, el llamado abierto a postulaciones para optar por este premio nos ha permitido conocer de cerca de cientos de casos de organizaciones de todo el país que trabajan en pos de la mejora continua.
Organizaciones en las que se verifica un denodado espíritu emprendedor, voluntad de trabajo y una clara conciencia de su responsabilidad como co-creadores del bienestar social que el país exige.

La selección de los casos ganadores se realiza a través de la aplicación a todos los postulantes de una rigurosa metodología desarrollada por Arthur D. Little de Venezuela y acuñada por Venezuela Competitiva. Esta metodología a través de la aplicación de un sistema de indicadores que revisa las organizaciones en su perspectiva interna, sus procesos, sus productos y su impacto en el entorno. Obtenemos así cada año una lista de aquellas organizaciones con desempeños particularmente destacados.

Esos son los ‘Casos Exitosos’ reconocidos con el Premio a la Excelencia.
Estos casos son destacados entre un colectivo de otros casos que se postularon junto con ellos y que son igualmente excelentes, por lo que la distinción que se les da es un importante compromiso. No se trata de un premio en metálico, ni de un mero reconocimiento. Se trata de la oportunidad de sumarse a otros casos que año a año han sido igualmente acreedores del Premio a la Excelencia, y construir una red de organizaciones que son estudiadas, evaluadas, documentadas y presentadas al resto del país por Venezuela Competitiva.

Se trata de aceptar convertirse en modelos, fuentes de inspiración y aprendizaje para otros emprendedores que, como ellos, quieran sentirse parte de los constructores de un país próspero, equitativo, digno y dueño de su futuro.
Para estas fechas ya suman 171 los ‘Casos Exitosos’ que prestan su experiencia, sus anécdotas, sus lecciones aprendidas y sus claves de éxito para ser divulgadas y compartidas con quienes, como ellos, enfrentan retos y visualizan oportunidades en el trabajo sostenido y comprometido por este país.

Estudiarlos, analizarlos, conocerlos ha permitido a Venezuela Competitiva contar con un banco solvente de tips, claves, lecciones que son transmitidas a través de los libros y videos de la Colección Éxito Venezolano que este año llegó a su 13ª edición.

En estos documentos hay historias específicas, pero también hay estrategias y conductas generalizadas, transversales a casi la totalidad de los casos, que son esenciales al desempeño competitivo de una empresa, institución pública o privada, u organización de la sociedad civil a cualquier escala, y en cualquier parte del país.
Precisamente, quisiéramos extender esta nota en dos de esas ‘claves de éxito’ que hemos aprendido de los casos y que resulta particularmente importante destacar en estos tiempos.

Son, además de dos competencias, dos valores fundamentales: el uso efectivo de los recursos y la transparencia en la gestion. Cualquier iniciativa empresarial u organizacional debe partir de un sentimiento de pertenencia y responsabilidad compartida que convierta a cada persona en un ‘doliente’ de lo que se hace y se tiene. Contar con esa percepción de que lo que se construye y se tiene es un activo que involucra y afecta a todos. Es lo que hace que los recursos sean usados con discreción y criterio de eficiencia, mientras la gerencia fortalece la capacidad de control sobre sus activos.

“Exigir eficiencia es amar lo que con esfuerzo se consigue, es el respeto por la propiedad y la guerra a la inconsciencia” como señala el libro de herramientas ‘Competitividad contra viento y marea: 10 años de Venezuela Competitiva’.

El uso eficiente de los recursos, el cuidado de los equipos, el mantenimiento del personal y la conciencia para las compras son fundamentales para tener éxito en la dimensión financiera, sea que estamos en una empresa o una organización civil o, más aún, si estamos en una institución pública. Es esencial mantener la conciencia previsora alineada con nuestros objetivos de mediano y largo plazo y saber que, por mayor que sea la bonanza, siempre los recursos son limitados. Si se evalúa objetivamente el asunto, exigir eficiencia es económicamente un buen negocio, es sentar bases para el desarrollo futuro.

En la experiencia de los casos exitosos documentados encontramos algunas estrategias a través de las cuales han conseguido fortalecer el uso eficiente de recursos.
Por ejemplo, responsabilizando al personal por sus equipos, haciendo que asuman las consecuencias derivadas de su mal uso; midiendo la productividad para exigir eficiencia objetivamente, con base en metas negociadas; evitando crear espacios para la ineficiencia, el ausentismo o la negligencia reglamentando la no-tolerancia a las faltas injustificadas.

De esta manera, se contribuye a crear una conciencia colectiva de que los recursos con que cuenta una organización son responsabilidad de todos y no únicamente de los administradores, y de que hay muchas formas de afectar el patrimonio de una organización y su potencial de desarrollo, además de las vinculadas con los recursos financieros y materiales.

Otra perspectiva de este mismo tema la da la segunda competencia que queremos destacar: la transparencia. Este valor es de singular importancia, y recordarlo en cada escenario posible es una misión que deberíamos asumir si estamos comprometidos con el desarrollo social sostenible de nuestro país.

A veces se cree, erróneamente, que el camino hacia el éxito es más corto si se emplean ‘atajos’ como una administración no rigurosa, el uso discrecional de recursos o el empleo de tácticas para engañar a los clientes. Hay malas noticias para quienes profesan esa fe: está demostrado que el éxito logrado de esta forma no es sostenible en el tiempo, ya que tarde o temprano aflora la verdad. El verdadero éxito de una organización sólo puede ser construido sobre suelo firme, comprobando a cada paso comportamientos y desempeños transparentes, auditables, medibles.

Los casos documentados por Venezuela Competitiva en su totalidad comprenden este principio y, a través de su estudio, hemos aprendido que hay acciones sencillas y cotidianas que refuerzan esta competencia, además de contar con las garantías más amplias respecto al uso y disposición de los recursos financieros y materiales.

Entre ellas podemos sugerir no abusar de las letras chiquitas en empaques y contratos; no prometer alcances que no se pueda cumplir y luego intentar justificar su incumplimiento; informar claramente a los clientes sobre cualquier cambio en la forma o fondo de los servicios o productos que le ofrece; no improvisar con materiales más baratos para conseguir mayor rentabilidad, sacrificando la calidad y negocios futuros.

Es muy recomendable contar con metodologías que reflejen la claridad de los procesos y certifiquen la calidad de los productos y servicios, y con mecanismos de evaluación y auditoría que respalden la gestión administrativa y financiera de las organizaciones.

Como nos enseñan la mayoría de nuestros “casos de excelencia”, la transparencia es, por supuesto, un tema de administración, pero es también mucho más: es un principio básico de gestión y operación, es un asunto de integridad individual y responsabilidad colectiva, es el verdadero camino hacia el éxito.

Competitividad, mitos y realidades. Gustavo Roosen.

Frente al tema de la competitividad, como ante todos los que no se reducen a definiciones y obligan a compromisos y acciones, suelen darse variados mitos, algunos por facilismo o simplificación, otros como resultado de una determinada postura ideológica.

Entre los primeros están quienes piensan que la competitividad es tema exclusivo de las empresas grandes, que se reduce a índices económicos, que basta el ánimo competitivo, que se decreta o se declara, que es una moda. Entre los segundos, quienes la ven como sinónimo de “liberalismo salvaje”, herramienta perniciosa del capitalismo, negación de la cooperación, exaltación de la beligerancia y el egoísmo.

Para unos y otros parecería oportuno retomar algunas afirmaciones. En efecto, lejos de estar limitada a las grandes empresas, la competitividad constituye una exigencia de vida para todas ellas. Aplica tanto a la economía globalizada como a la de cada país, de cada comunidad. Toca por igual a las instituciones y a las personas. Su verdadera dimensión se expresa en términos de crecimiento humano y calidad de vida.

No basta, desde luego, el simple ánimo competitivo. Hace falta, por el contrario, crear las condiciones para una competitividad productiva, lo que para un país significa fortalecimiento de las instituciones, adecuación del marco legal, formación del capital humano, establecimiento de sistemas administrativos y gerenciales, apertura a la iniciativa, a la tecnología y al mercado. La competitividad no se decreta, se construye.

Lejos de ser una moda es una necesidad. Es, más bien, condición necesaria para el crecimiento, para el desarrollo del potencial del país y de cada persona. La competitividad es fundamentalmente una actitud y una práctica. Como actitud entraña una postura de vida, un modo de ser, una cultura que valora la calidad, el mérito, el esfuerzo, la eficiencia, la autoestima, el sentido de superación, la responsabilidad frente a sí mismo y frente a la sociedad. Como práctica, resulta la suma de información, experticia, experiencia, correcto manejo de los recursos, apertura a la innovación, aplicación de adecuados controles.

Asimilar la competitividad al capitalismo es no haber entendido la naturaleza humana y sus aspiraciones; es condenar a la inacción la fuerza interna del propio crecimiento. Reducir la competitividad a un concepto capitalismo deformante es negar el potencial de cada persona y de la sociedad.

La competitividad no sólo no niega la cooperación, sino que la requiere, la reclama, se alimenta de logros y de su justo reconocimiento. Convertida en competencia por realizaciones, abandona el terreno destructivo de la discordia y del entorpecimiento y se adentra en el de la creatividad y la eficacia. La cultura de la competitividad no se opone a la de la solidaridad; se opone, sí, a la del derrotismo, del paternalismo, del menor esfuerzo, de la mediocridad.

Superar los mitos sobre la competitividad debe ayudarnos, como país, a recuperar el ánimo creador y a retomar el camino del hacer, del “bien hacer” .

Competir para Ganar. Dunia de Barnola.

Cualquier iniciativa humana tiene un norte: el logro.
Cuando nos planteamos la creación de una empresa familiar o entre socios o amigos para producir, comercializar, crear algún producto que sabemos no existe o puede ser mejorado, lo que empuja nuestra voluntad y nos acompaña a lo largo del retador camino de armar y consolidar esa empresa es el deseo de verla crecer, desarrollarse y marcar pauta en nuestro medio.

Cuando una comunidad se organiza para hacer frente a una necesidad colectiva o para construir esa plaza, ese parque, esa solución que juntos quieren incorporar a su cotidianidad, lo que está tras su empeño es la visión clara de que merecen, juntos, una mejor calidad de vida.

Cuando un grupo de personas se asocian en un modelo cooperativo para ser más fuertes en la atención de un requerimiento de su comunidad o en la producción de algún bien o servicio, lo que las impulsa es la certeza de que unidas ganan empuje, credibilidad y fortalecen su compromiso con ser parte de una transformación para mejorar su entorno.

Cuando creamos una familia, iniciamos un proyecto, damos un primer paso, abrimos una cuenta, diseñamos un producto, compartimos una idea, nos comprometemos con nuestras fortalezas endógenas como nativos de algún lugar, cuando abrazamos un ideal, lo que nos está moviendo es la expectativa de que con ello estamos sembrando para un futuro mejor, con más posibilidades, con justicia, más equitativo y con mayores posibilidades de éxito, logro y expansión para nosotros y todos los que nos rodean.

Cuando como organismos nacemos, crecemos y nos desarrollamos, está en cada una de nuestras células la intención de formarse y alcanzar su máximo potencial. Es innato al ser humano el sueño, la amplitud de visión, la ambición de expandirse y trascender.

Nuestra voluntad de ser lo mejor que podamos ser y obtener lo mejor que podamos obtener, nuestro compromiso con prepararnos para ese reto y avanzar cada día, nuestro derecho a definir y aceptar sólo los límites que nuestros principios y valores nos impongan, son nociones esenciales a nuestra necesidad y capacidad de competir. Competir con nosotros mismos y con el entorno, competir para mejorar, competir para fortalecernos y retar a quienes nos acompañan a ser mejores ellos también.

Cuando ejercemos nuestras capacidades competitivas elevamos los promedios, expandimos el alcance de los sueños y creamos nuevas referencias para el colectivo. Y cuando esto se hace en un contexto de valores, de respeto, cooperación, responsabilidad, honestidad e integridad, el único resultado real es crecimiento y la mayor suma de felicidad y prosperidad para todos.

La competitividad, así entendida, de nuestras personas y organizaciones, públicas y privadas, conlleva el desarrollo equilibrado del país, el fortalecimiento y diversificación de su aparato productivo, la pertinencia de sus instituciones, la inclusión real de sus comunidades y el avance hacia un modelo de desarrollo sustentable.

Las estrategias competitivas que nos permiten posicionarnos en nuestro entorno local, nacional y global son movimientos que nos permiten mejorar, y al tiempo, legar nuevas ideas y motivaciones a nuestros competidores. Nos permiten mejorar y al tiempo contribuir a impulsar la mejora de otros.

Ofrecer precios competitivos y beneficios atractivos, segmentar mercados y áreas de atención, realizar acciones ofensivas y defensivas, disuadir, diversificar, desarrollar mercados y productos, al tiempo que cooperar, integrar, articular, distribuir, conservar y crear son en suma movimientos que nos aproximan al logro individual y colectivo. Ganar – ganar. Ganar con la mirada puesta en la meta y el logro, nunca con la cabeza vuelta hacia atrás procurando la derrota de terceros.

Competir por el derecho de todos a hacer uso de nuestro potencial, aptitudes y capacidades sin más restricciones que nuestro compromiso con ideales de ‘bien hacer’ y bienestar que nos incluyan a todos.

Competitividad con visión de mediano y largo plazo. Oscar Augusto Machado.

El presente, enfocado desde la óptica de su avalancha de coyunturas, imprevistos, emergencias y retos de la inmediatez, ofrece pocos espacios para la visión del futuro y la planificación de mediano y largo plazo. Atender y sobrevivir las 24 horas siguientes parece convertirse en un modo de gestión generalizado en un país como el nuestro que nos ofrece sorpresas a cada vuelta de esquina.

Los empresarios venezolanos, como el común de los emprendedores, requerimos estar en forma y listos para la largada diaria, equipados con todo tipo de instrumentos para la atención de variables, cambios en las reglas de juego, movimientos en los cuadros del equipo, mal o buen tiempo, mejores o peores escenarios.

Sin embargo, la vista debe estar puesta, también, mucho más allá del próximo paso. Es indispensable mantener el enfoque en lo que queremos construir, en aquello a lo que estamos dando forma y queremos consolidar para nuestro disfrute y el de las generaciones futuras. Mirar el conjunto además de las partes, y mantener la claridad respecto a las metas que nos hemos propuesto es determinante para asegurar el éxito de nuestros proyectos, garantizando que la atención que prestamos a lo inmediato sea parte de la estrategia más no el fin último de lo que hacemos.

La competitividad de nuestras organizaciones exige que éstas estén sostenidas en una ‘visión estratégica’ que permita vincular visiones a largo plazo y conceptos genéricos en el trabajo diario. Sólo así podemos entender el entorno y cómo éste influye en la organización, desarrollando un plan coherente de crecimiento, detectando problemas y oportunidades, y alineando nuestro quehacer a nuestros sueños.

La visión estratégica constituye una verdadera brújula de la organización que nos permite comprender el impacto que nuestras acciones tienen en el ambiente global y viceversa, preparando a la organización para responder a retos complejos.

En su libro “Competitividad contra viento y marea”, Venezuela Competitiva presenta y desarrolla claves fundamentales que podemos incorporar como emprendedores y empresarios para lograr que la visión estratégica sea la herramienta que nos permita alinear a todos los que trabajan en la organización, de forma que comprendan la razón fundamental por la que existe la institución.

Esta labor recae definitivamente en los líderes de la organización quienes tienes en sus manos la responsabilidad de guiar a sus equipos en el camino, y promover una visión que sea compartida por todos. Siendo así, es necesario que los líderes tengan una idea clara de hacia dónde quieren ir para evitar extraviarse en el camino que, como hemos señalado, está lleno de accidentes e imprevistos. Ellos deben evitar el error de ver la nueva idea como un escape a su antigua situación, y evitar caer en la trampa de ver la aventura como una salida y no como una entrada.
Se hace necesario mantener, divulgar y compartir la visión de futuro que tenemos hasta lograr un compromiso profundo y una completa identificación con cada persona en la organización. Esto garantiza el éxito en el logro de los objetivos comunes y la eficiencia en el desarrollo de las estrategias que llevarán a ver concretarse el proyecto común.

Una ambiciosa mirada al futuro, a nuestro futuro, potencia nuestras capacidades, nos invita a dar lo mejor de nosotros en pos de una visión propia y compartida, y nos ofrece una mejor referencia de nuestro potencial como personas, organizaciones y como país, alejándonos del conformismo, permitiéndonos sumar y multiplicar, expandir, potenciar y crecer para acumular la mayor suma de bienestar para todos.